Hace dos meses, esta misma noche, estaba de los nervios. Me iba a Burundi. Han pasado dos meses desde entonces. El primer mes, discurrió casi por entero en África. El segundo, en Europa. Entre vacaciones, danzas y más trabajo.
Durante este segundo mes, he hablado con mucha gente sobre lo que hice allí, he respondido preguntas y he contado historias, muchas de las que escribí en el blog y otras tantas que no. Sin embargo, el otro día, una amiga me hizo una pregunta que -lo admito- me dejó un poco descolocado.
"Bueno, y entonces, después de tu viaje, ¿cuáles son las conclusiones?"... Después del aturdimiento, me puse a reflexionar.
Antes de ir a Burundi, me asaltaban muchas dudas. ¿Volveré sano y salvo? ¿Me picará un bicho que anidará cerca de mi estómago para después salir durante la cena estropeando una agradable velada? Pero sobre todo, y en serio, la gran pregunta: ¿Seguiré siendo el mismo?
¿Seguiré siendo el mismo?
Cruzar el umbral de europa para entrar en otra realidad nunca te deja indiferente. Esto, de una u otra forma, lo he escuchado muchas veces antes de irme. Es una opinión bastante extendida, pues todos conocemos a alguien con una experiencia similar. Es quizá por esta razón que a mi regreso, he observado cómo muchas miradas amigas se preguntaban hasta qué punto este viaje no me ha dejado indiferente. Hasta qué punto es verdad lo que dicen. Hasta qué punto te golpea enfrentarte a lo que ves todos los días en las noticias.
Y sin embargo... ¿conclusiones? No puedo concluir nada porque nada ha concluido. Si reduzco este viaje a un producto de consumo que ha tenido su planteamiento, desarrollo y conclusiones lo estaré pervirtiendo inevitablemente. Y no puedo.
¿Conclusiones? No. Corroboración, confirmación, constatación. Eso sí. La constatación de que es verdad lo que aparece de vez en cuando en las noticias. De que el mundo tiene recursos limitados y mal, muy mal repartidos. De que los gobiernos roban en todas partes y se aprovechan de la ignorancia y la falta de conocimiento. De que hay muchos que están peor porque algunos estamos mejor.
¿Conclusiones? No. Tresor continua haciendo su proyecto de fin de carrera y trabajando duro para poder formar algún día una familia con Therese, su novia. Thimoteo sigue buscando un estudio donde grabar el disco con su banda familiar mientras se desespera por un futuro más que incierto. Frank continua tambaleándose mientras va encontrando la manera de pisar fuerte en el mundo. Mamert, sin familia ni becas ni subvenciones no sabe cómo hará para estudiar una carrera que no puede pagar para dejar de vivir de las limosnas y su máxima preocupación ahora es irse de Ngozi porque allí todos le ven como un "homeless". Casi todas mis alumnas no saben si podrán acabar la carrera porque tienen que cuidar a sus hijos y enfrentarse todos los días a una sociedad que no tolera que las mujeres estudien, piensen y tengan autonomía. Y todavía ellas tienen suerte, que han podido estudiar algo. Y todos, sin excepción, todos, viven este año con el corazón encogido porque el año que viene hay elecciones y vuelven a asomar los fantasmas de la guerra y el exterminio, tan cercanos y dolorosos todavía.
¿Conclusiones? Todos sabemos perfectamente qué hay al otro lado de nuestra puerta. Personas, con nombres y apellidos. Y problemas. A cada uno nos toca decidir si esos problemas son menores o mayores que los nuestros. Es nuestro tiempo y nuestra decisión.

Me mola, estoy de acuerdo y me alegra que lo hayas publicado. Si habrás cambiado; ya no eres del lado oscuro!!!
no sirven para nada