Cuando era un niño, todo a mi alrededor estaba hecho para los niños.
Cuando ibas a comprar el pan, el señor panadero siempre te regalaba una sonrisa extra cuando te equivocabas al contar las pesetas que costaba una pistola y dos colines. Por eso siempre le dabas las gracias al marcharte. En el barrio, el dueño del coche que golpeabas sin querer con tu pelota, nunca se enfadaba demasiado como para no dejarte seguir jugando, y si lo hacía comprendías que quizá tuviera razón y entonces siempre le pedías perdón. En el cole había profes y seños que te contaban un montón de cosas para que las aprendieras como ellos y por eso los admirabas y les tenías mucho respeto. Cuando ibas de visita con tus padres a algún sitio, alguien siempre te ofrecía unas pastitas o incluso un refresco sin que tú lo pidieras y por eso siempre dabas las gracias y procurabas no molestar demasiado a los mayores con sus cosas. En la parroquia de tu barrio (antes, siempre había una) ibas con tus padres a misa los domingos y aunque no entendieras demasiado algunas cosas que veías allí, siempre esperabas con respeto a que terminara aunque a veces estuvieras ya cansado, porque veías que tus padres estaban contentos por estar allí. Y en casa, a veces te tenías que comer toda la comida que te ponía tu madre sin rechistar porque ella en cambio era siempre cariñosa y te consolaba las noches en que la oscuridad de tu habitación pequeña crecía demasiado. Y aunque te tocara obedecer a todos, a tus hermanos, a tu padre, a tu madre... lo hacías sin pensarlo porque ellos siempre estaban pendientes de ti y de construir a tu alrededor un mundo para ti. Para los niños. Todo estaba hecho para los niños.
Ahora no sé qué pasa. Salgo a la calle y no encuentro ese mundo. Veo gente que se enfada todo el tiempo, incluso cuando no tienen razón. Que no agradecen demasiado. Que se empujan en el metro. Que se insultan por costumbre. Que graban videos de niños sufriendo y los hacen públicos para que otra gente se ría también. Que se pegan hasta morir por un rasguño en su automóvil de chapa. Que no les importa que hablen mal de ellos. Todo lo contrario. La mala educación.
No sé por qué pasa esto.
Porque yo sigo siendo el mismo niño.

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