He oído todo tipo de opiniones sobre la "Spanish Revolution".

Las más simplistas reducen la #acampadasol a una panda de okupas perroflautas que poco menos están allí para pedir la legalización del cannabis y viviendas gratis para todos. Otras, más benevolentes, dejan escapar cierta simpatía por esos jovenes idealistas con ganas de cambiar el mundo pero les reprochan cierta ingenuidad en pensar que eso va a servir para algo. Para deleite de algunos, no faltó quien supo ver conspiraciones judeo-masónicas auspiciadas por un gobierno para reventar y suspender unas elecciones que le iban a ser claramente desfavorables.

Las elecciones pasaron. Y la vida sigue en los campamentos. Han pasado 15 días desde el día 15.

Durante este tiempo, he participado en las concentraciones en la Puerta del Sol en varias ocasiones. He leído lo que allí se escribe. He escuchado lo que allí se dice. He gritado sin voz. Y continuamente, he tenido que contener la emoción para no llorar como un niño.

Porque lo que está ocurriendo hoy en muchas plazas es algo a lo que ya no estábamos acostumbrados a golpe de letargo. Es el contenido de las palabras que durante tantos años hemos ido desgastando a fuerza de nombrarlas. Es el sentido común golpeando la realidad. Es la dignidad que nos hace dormir por las noches. Es la emoción de creer lo que dices. Es la certeza de que puedes. Es el ejercicio de la libertad. Imparable.

Es la inspiración que crea.

Es la "Spanish Inspiration".