Señores políticos, es su momento.

Tienen una gran oportunidad para ser de verdad, de carne y hueso. Estoy convencido de que la mayoría de ustedes empezaron su carrera política por esto. Porque querían cambiar las cosas. Les propongo un experimento. Hagan memoria un momento. Deténganse a buscar a ese joven que se emocionaba con cada palabra que salía de su boca. Que se creía palabra por palabra todo lo que decía. Piénsenlo, es posible recuperar todavía a ese joven. Miren a su alrededor y lo encontrarán. Imítenlo cuando lo vean. Al principio, quizá lo sientan ajeno, un vestigio de algo que alguna vez fue pero que ya se superó porque el mundo real era demasiado real para cambiarlo. Pero es posible que, a fuerza de imitarlo, regrese.

Sean valientes. No tengan miedo a decir lo que piensan. No sigan diciendo lo que toca. Digan también lo que sienten. Prueben una vez. Quizá han olvidado que la recompensa de ese acto es muy grande. Dejen de esconderse detras de las instituciones con minúscula. Las instituciones son ustedes. Dejen de esconderse detrás de ustedes mismos. No usen más el "vuelva usted mañana", por favor. Por favor. No usen los medios para modificar la realidad a su antojo. No se sigan engañando. A muchos de nosotros ya no nos engañan, así que déjenlo ya, que es patético. Sean valientes. Emociónense. Inspírense. Crean que es posible. Escuchen. Seguro que muchos de ustedes tienen ya sus emociones a punto de decir basta. Gritándoles. Háganles caso. No, la juventud no es esa enfermedad que se cura con la edad. No se crean eso, por favor. Recuperen la verdad de su trabajo. Pueden hacerlo.

Quizá así volvamos a encontrarnos. Quizá así nos emocionemos también nosotros cuando les oigamos hablar. Sabemos que no tiene que ser fácil tener poder de decisión. Pero háganle caso a su sentido común. Venzan su propia inercia. Levántense también ustedes. Se darán cuenta que tienen mucha gente a su lado. Mucha gente. Gente a la que prometieron servir. Ayudar. Comprender.

Señores políticos, hablen.